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Producimos: Encuentros Con Marta Robles 02/02/2023

Durante la presentación de su último ensayo 'Lo que la primavera hace con los cerezos'

Producimos: Encuentros Con Marta Robles 02/02/2023

Marta Robles regresó al foro de Encuentros para presentar su último libro, ‘Lo que la primavera hace con los cerezos’. Este ensayo literario, ya en segunda edición, recorre las biografías de 70 grandes creadores en 13 capítulos, indagando en cómo el amor, el desamor y la pérdida son el motor del milagro artístico, la emoción que lo trasciende todo.

El amor como motor de la creación artística

Marta Robles, a quien la crítica ha aplaudido generosamente por este trabajo, explicó que el título de su obra es un guiño al último verso del Poema 14 de los 20 poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. El verso completo, "Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos", ejemplifica el amor en su máxima expresión: sacar lo mejor de sí del otro, hacer que el otro florezca. La autora ha constatado, al recorrer las biografías de grandes artistas, que "amamos tan mal", y por ello, el libro se centra en la trascendencia del amor.

A diferencia de sus primeros trabajos, que eran ensayos periodísticos, Lo que la primavera hace con los cerezos es un ensayo "absolutamente literario". La obra es un "fiel reflejo de labor de investigación y documentación", aunque la autora matiza que, al escribir, los escritores siempre hablan de sí mismos, de sus propias emociones y sentimientos.

El único vínculo temático con su ensayo anterior, Pasiones carnales, es la emoción. Mientras que en Pasiones carnales se analizaban las relaciones de poder que cambiaron la historia, en este nuevo libro, Robles vincula el amor, el desamor y la pérdida con la creación. Ella sostiene que la diferencia entre lo que es arte y lo que no lo es reside en lo que irradia emoción. Los creadores necesitan llenarse de emociones para convertir sus obras en arte, y la única emoción que verdaderamente lo trasciende todo es el amor.

Aunque Freud postulaba que la creación era un impulso sexual similar al impulso de comer, Robles cree que el amor va mucho más allá, pues, como decía Voltaire, ataca al mismo tiempo a la cabeza, al corazón y al cuerpo. El amor es el eje que mueve a los seres humanos, incluso cuando se aborda la muerte, ya que esta nos preocupa por la separación que provoca de nuestros seres queridos.

La estructura de las pasiones desbordadas

El libro está estructurado en 13 capítulos "bastante particulares", nacidos de la teoría personal de la autora de relacionar la emoción con la creación. Para trasladar estas historias (que a menudo superan la ficción, como decía Oscar Wilde), la autora recurre a escenas de ficción iniciales a partir de las cuales el lector se puede zambullir en las historias reales y ciertas de los protagonistas.

Marta Robles seleccionó a 70 personajes de distintas épocas y disciplinas (música, cine, pintura, literatura) de una manera "absolutamente caprichosa".

Don juanes y promíscuos: Diferencias en el deseo

El recorrido comienza con los don juanes, un mito creado por autores como Tirso de Molina, Mozart, Zorrilla y Byron. Curiosamente, todos ellos construyen los don juanes a su imagen y semejanza. El Don Juan (al que Robles aborrece) tiene una obsesión por doblegar a la persona que tiene enfrente y necesita constantemente ponerse muescas, sin importarle el alma del otro.

Por otro lado, los Promiscuos, como Lope de Vega o Benito Pérez Galdós, no buscan arrebatar el alma o someter, sino que disfrutan del juego del amor. Lope de Vega fue un hombre brillante y prolífico que tuvo 11 mujeres e incluso escribió cartas de amor para otros. Galdós, conocido por su capacidad para desvelar la psique femenina, mantuvo muchísimas relaciones hasta el final de su vida, convirtiendo a cada amante inmediatamente en un personaje de sus novelas. También destaca Gabriele D'Annunzio, un dandy que, pese a su físico (1,62 m, calvo), ligaba a "todo el personal" gracias a su "pico de oro", llegando a arengar tropas e incluso a conquistar un estado.

Las mujeres libres y las atormentadas

Robles establece una distinción entre las mujeres fatales y los don juanes. Para ella, las mujeres fatales son "El hombre del saco de los don juanes". No son réplicas, sino mujeres que son libres para amar cuando, dónde y a quien les dé la gana, lo cual resulta "más aterrador a los hombres que las mujeres libres". Un ejemplo es Lou Andreas-Salomé, admirada por Freud y Nietzsche, quien, pese a ser una grandísima creadora, pasó a la historia como la "coleccionista de genios" en lugar de ser reconocida por su obra.

En la categoría de "los atormentados" se encuentran aquellos a quienes más les duele el amor. Aquí ubica a Marilyn Monroe. La autora argumenta que Marilyn no era una mujer libre, sino alguien sometida a su belleza y a un personaje que creó y que terminó por devorarla.

Otro ejemplo clave es Frida Kahlo. Su vida estuvo marcada por el tormento físico (polio, un accidente pavoroso) y las traiciones de Diego Rivera, incluyendo la que cometió con su hermana Cristina. Frida plasmó su dolor y sus pérdidas (como sus abortos) en sus obras, utilizando el arte para concretar su sufrimiento. Robles concluye que Frida le echó un pulso a la vida y lo ganó.

El capítulo incluye la trágica historia de Emilio Salgari, quien vendía más que nadie, pero era víctima de las "jugarretas terroríficas" de los editores, viviendo en la miseria. Cuando su esposa, Ida, se volvió loca y tuvo que ser internada en un manicomio público, él decidió suicidarse, apuñalándose el abdomen y cortándose las carótidas con una navaja de afeitar. Dejó cartas acusando a los editores de ser ladrones.

Genios y asesinos

La sección de Los Más Negros aborda la vida de asesinos y pendencieros. Caravaggio, un pendenciero total, se convirtió en asesino tras cortar accidentalmente la arteria a un adversario en un partido de pala, obligándolo a huir. Lo más sorprendente es cómo Caravaggio, con su inmenso talento, usaba las caras de prostitutas romanas para sus Madonas y a los miserables para representar a la Iglesia en sus cuadros.

Otro caso llamativo es el de Anne Perry (Juliette Hulme), una escritora británica de novela negra tan considerada como Agatha Christie, que a los 15 años asesinó a la madre de su amiga con un ladrillo envuelto en una media. Este crimen, descubierto años después por un director de cine (Peter Jackson, con Criaturas celestiales), no solo no le hizo perder admiradores, sino que la hizo ganar más. El autor William Burroughs también se convirtió en escritor "justo después de ser asesino" tras matar a su mujer de un disparo en la cabeza mientras jugaba a ser Guillermo Tell.

La bella inteligencia oculta

Robles también destaca la vida de Hedy Lamarr, la "actriz ingeniera". Protagonista del primer desnudo y orgasmo en el cine, esta mujer, que estudió ingeniería, fue encerrada por su marido (un vendedor de armas para Hitler). Al escapar, usó sus conocimientos para inventar un ingenio que es el precursor del Wi-Fi y del GPS. Sin embargo, cuando se lo ofreció al ejército, le dijeron que era "demasiado guapa" y que se dedicara a "vender besos". Austria dedicó el Día del Inventor a esta mujer.

Finalmente, en el capítulo de los Maniáticos, Fetichistas y Depravados, se encuentra la historia "bastante aterradora" de Lewis Carroll, matemático y clérigo. Carroll tenía relaciones con "cientos de niñas", como Alice Liddell, y las fotografiaba desnudas. Aunque mantuvo correspondencias bellas y no les hizo "ningún mal", era un pederasta.

Un alegato contra la cultura de la cancelación

Marta Robles concluye su ensayo con un firme alegato contra la cultura de la cancelación. La obra expone que grandísimos artistas a menudo fueron "malas personas".

  • Neruda, cuyo verso da título al libro, abandonó a su hija con hidrocefalia y violó a una chica.
  • Picasso era un maltratador que exprimía a las mujeres que tenía al lado, apagando colillas en su piel y provocando el suicidio de dos de ellas.

Robles se pregunta si por ello debemos olvidarnos de ellos y dejar de leerlos. Su respuesta es que no: si un artista comete un delito, debe pagar por él, pero no se debe privar a la humanidad de su obra, porque al hacerlo, "a quien castigan es a la propia humanidad". Los genios deben vivir. La tarea es separar la obra de los actos de sus creadores y no juzgar el pasado con los ojos del presente.

El libro de Marta Robles, que incluye un amplio aparato de bibliografía y cuadernillos de imágenes, es una invitación a la reflexión y a comprender que las vidas de los artistas, como sus obras, son siempre picos y valles, llenas de zozobra, y por ello buscan intensificar el sentimiento para dotar a su trabajo de la emoción necesaria para convertirlo en arte. El amor, en todas sus facetas —bueno, malo, tóxico, de pareja, filial, de amistad—, es el animal salvaje que lo mueve todo.

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